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REPRODUCCIÓN E INCUBACIÓN

Indice de contenidos en el artículo

A- Estructuras reproductoras
B- Procesos de reproducción
C- El huevo
D- Cuidado de los huevos

A- Estructuras reproductoras: Los órganos reproductores difieren entre los dos sexos y consisten en un par de gónadas que derivan del mesodermo, un conjunto de conductos eferentes que suelen tener parte mesodérmica y parte ectodérmica y una serie de órganos anejos como las glándulas accesorias y estructuras de retención del espermatóforo.

1- Sistema reproductor femenino: Las gónadas femeninas reciben el nombre de ovarios que liberan los huevos a un conducto único en los individuos adultos y doble en los inmaduros que recibe el nombre de vagina y presenta su orificio tras el octavo o noveno esternito abdominal. Además hasta la vagina llegan una serie de conductos que proceden  de la espermateca o receptáculo seminal, o de un par de glándulas accesorias.

2- Sistema reproductor masculino: Las gónadas masculinas reciben el nombre de testículos y se comunican con un conducto deferente cada uno que a su vez lleva el esperma hasta un conducto final llamado conducto eyaculador. Además en cada uno de los dos conductos deferentes por engrosamiento suele surgir una vesícula seminal o reservorio espermático. También pueden aparecer asociadas otras glándulas de origen ectodérmico.

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B- Proceso de reproducción: En los fásmidos pueden existir dos procesos de reproducción claramente diferenciados:

1- Reproducción sexual: Se trata de un proceso que requiere la transmisión de esperma  desde el macho a la hembra durante la cópula. En el caso concreto de los fásmidos este esperma es cedido a modo de espermatóforo, entendido este como una estructura biológica a modo de saco que porta en su interior el esperma masculino y que una vez es recibida e implantada en la hembra puede dosificar la cesión de esperma para la fecundación de los huevos. Así la hembra es capaz de almacenar en su espermateca el esperma del macho que desde ahí irá al ovario donde ocurrirá la fecundación de los huevos.

Este proceso de reproducción sexual proporciona un mayor éxito reproductivo que la reproducción partenogenética basado en una mayor variabilidad genética de la descendencia y por ello en una mayor capacidad de adaptación a las variaciones ambientales.

2- Partenogénesis: En este tipo de reproducción los huevos cumplen su total desarrollo sin necesidad de haber sido fecundados. Hay 4 tipos diferentes de partenogénesis de los cuales en los fásmidos solo se dan dos en los que nos centraremos:

a)- Un proceso en el cual las hembras ponen dos tipos de huevos, unos han sido fecundados en el proceso de reproducción sexual y otros no lo han sido y se desarrollan por partenogénesis. Así los fecundados producen en proporción semejante machos y hembras y los partenogenéticos sufren una fusión del óvulo con el segundo corpúsculo polar para restaurar el número cromosómico normal de la especie (que en los gametos es la mitad  (haploides) que en las células somáticas (diploides)). Después estos huevos prosiguen el desarrollo embrionario y dan individuos hembra. Este proceso permite aumentar la proporción de hembras con respecto a la de machos manteniendo parte de la variabilidad genética y elevando el número de descendientes en la siguiente generación.

b)- Un segundo tipo de partenogénesis obligada que ocurre en algunas especies de fásmidos en las que no existen los machos y se generan huevos sin meiosis (diploides con respecto a los destinados a la reproducción sexual que si sufren meiosis y son haploides) que posteriormente prosiguen su división hasta dar lugar a individuos hembras en su totalidad que volverán a repetir el ciclo. Esta reproducción presenta una desventaja con respecto a la sexual como es la ausencia de variabilidad genética. Pero la eficacia reproductiva se compensa con un mayor número de hembras con respecto al proceso sexual que supone la formación de un número muy elevado de huevos. Así son huevos que tienen menores tasas de supervivencia pero que se generan en cantidades tan altas que garantizan la persistencia de la especie en cuestión.

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C- El huevo: Es la estructura en cuyo interior se va a llevar a cabo el desarrollo embrionario, generalmente los fásmidos pueden dejarlos caer sobre el substrato, pegarlos por el terrario, lanzarlos, enterrarlos en el substrato o apoyarlos en un hueco sobre este. Es importante conocer bien los huevos de nuestros animales pues tienen valor taxonómico es decir, cada especie tiene un huevo diferente al de las demás especies y por eso se pueden utilizar para diferenciar unas especies de otras.

Estructuralmente presentan una capa micropilar que guiará al espermatozoide hasta un poro llamado micropilo para que ocurra la fecundación. En la parte alta del huevo siempre aparece una estructura a modo de tapa llamada opérculo que se levanta en el momento de la eclosión. El opérculo suele tener un apéndice llamado capítulo. La cáscara del huevo lo forman 2 capas el endocorión y el exocorión, siendo el primero el que está en contacto con la membrana vitelina que envuelve al vitelo. El exocorión es la capa gruesa de protección que vemos desde fuera del huevo.

El tamaño de los huevos es muy variable entre unas especies y otras, así hay especies con huevos de pequeño tamaño como los de Clonista spec. Grenada o huevos más grande como los de Haaniella sp. Por otro lado los tiempos de eclosión, tasas de natalidad y condiciones de incubación serán muy diferentes entre las distintas especies.

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D- Cuidado de los huevos: En la naturaleza los fásmidos una vez ponen sus huevos se desentienden de ellos de forma que estos se incuban por si mismos hasta que llega el momento de la eclosión y nace la ninfa.

Cuando los animales ponen los huevos en el terrario, estos huevos caen sobre un substrato que suele tener una gran cantidad de heces, restos de hojas, microartrópodos como ácaros y colémbolos que son frecuentes en el terrario al que llegan con la vegetación y una gran humedad. En ese ambiente la probabilidad de que los huevos se enmohezcan es muy elevada y si ocurre eso podemos perder un gran número de huevos y poner en peligro nuestras poblaciones.
Para evitar este problema lo más conveniente es sacar los huevos del terrario y pasarlos a unos recipientes lo más limpios posible adecuados para la incubación como pueden ser los de tipo “tupper”. El recipiente tiene que tener una serie de orificios que permitan una adecuada aireación ya que no debemos olvidar que los huevos están vivos y respiran. Hay que tener en cuenta que esos orificios deberán ser pequeños para que no se nos escapen las ninfas una vez hayan nacido. Por otro lado los recipientes deberán tener una altura adecuada para que las ninfas puedan estirarse una vez hayan salido del huevo. Sobre los recipientes es conveniente poner un substrato capaz de retener la humedad como puede ser el papel de cocina o la vermiculita.

Pondremos los huevos sobre el substrato separados unos de otros y eliminando aquellos que puedan enmohecerse para evitar que dañen a los huevos próximos. Tendremos que pulverizar agua cada dos o tres días sobre los huevos y garantizar las condiciones ambientales óptimas para la incubación de los mismos que como  norma general suelen ser de una humedad superior al 70% y una temperatura de 20 a 27Cº. En algunas especies que tienen tiempos de incubación muy largos como Haaniella  muelleri y Eurycnema goliath, puede ser conveniente utilizar una pequeña incubadora similar a las que se usan para incubar los huevos de los reptiles que se puede comprar o elaborar muy fácilmente. Así podremos garantizar unas condiciones ambientales óptimas durante el largo periodo de incubación que de otra forma podrían sufrir numerosos cambios a lo largo del tiempo provocando así un descenso en la tasa de eclosión y un aumento  temporal hasta el nacimiento de las ninfas.

Enmohecimiento: Puede ser el principal problema en cuanto a los daños y la destrucción de los huevos de fásmidos. Generalmente es un problema que se puede evitar si incubamos los huevos en un ambiente limpio y separados unos de otros para evitar la extensión del moho a más de un huevo en caso de su aparición. Otra opción puede ser la de utilizar una serie de sustancias antifúngicas entre las cuales podemos citar el extracto de penicilina. Bastará con disolver una gota del mismo en un litro de agua y usar esa agua para pulverizar sobre los huevos. Existen muchas otras sustancias antifúngicas en el mercado que pueden sernos útiles, pero si incubamos los huevos de la forma anteriormente citada no tienen porque ser necesarios.

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